El Peso de la Sangre

23 Mayo 2025
El Peso de la Sangre

El Peso de la Sangre

23 Mayo 2025


El entorno, sumido en una penumbra perpetua, no ofrecía consuelo alguno mientras los aventureros se adentraban en la aldea de Barovia. Sus pasos los llevaron a una taberna decrépita, de cristales rajados y falta de todo mantenimiento, donde tres mujeres y un silencioso tabernero observaban desde la barra. En un rincón, un hombre solitario llamado Ismark Kolyanovich apuraba su vino. El equipo decidió sentarse con él, descubriendo pronto que la aldea agonizaba bajo el poder del «Demonio Strahd». Ismark, desesperado, solicitó su ayuda: conocía el camino para salir de aquellas tierras, pero el precio sería escoltarle a él y a su hermana hasta Vallaki, un pueblo donde la sombra del vampiro parecía ser menos opresiva.

Mientras Raphael de la Ghetto intentaba indagar sin éxito sobre la reputación de Ismark entre los lugareños, el grupo visitó la tienda local. Sin embargo, la inflación asfixiante de la aldea convirtió la compra en una imposibilidad, obligándoles a retirarse con las manos vacías. De camino a la mansión de Ismark, el lamento desgarrador de «Mary la desquiciada» escapaba de una casa cercana, puntuando la desesperación del lugar. Al llegar a su destino, conocieron a Ireena , la hermana de Ismark, quien se negaba a partir sin antes dar sepultura a su padre. El anterior burgomaestre había fallecido de un ataque al corazón, incapaz de soportar el asedio constante de los servidores de Strahd, quienes habían golpeado las puertas de la mansión durante tres noches seguidas. Mientras los demás procesaban la tragedia, Zeros analizó con detenimiento los antiguos sellos de protección que habían impedido la entrada de las criaturas, memorizando su compleja factura.

Bajo un cielo plomizo, el grupo cargó con el ataúd hasta la iglesia local. Al cruzar el umbral de la capilla, un grito inhumano rompió el silencio de la estancia, que se encontraba en un estado de desorden absoluto. Mientras Ismark e Ireena Kolyana se aproximaban al altar junto a Barjulián y Elara, esta última reconoció un medallón con el símbolo de un sol llameante, vestigio de una fe luminosa que apenas sobrevivía en la oscuridad. El sacerdote, sumido en un trance de oración desesperada, parecía intentar ahogar los gritos que provenían de una trampilla encadenada en el suelo. Tras ella, una voz angustiada suplicaba: «Padre… tengo hambre». Sin embargo, la curiosidad y la acción superaron a la precaución: mientras Elara obtenía del clérigo la terrible verdad tras aquellos lamentos, Orlok y Zeros, hacha y magia en mano, ya se encontraban forzando los eslabones de la trampilla, dispuestos a revelar el horror que palpitaba bajo las tablas de la iglesia.