Tras recuperar una de las gemas y entregar los seis toneles de vino restantes a Urwin, el grupo se centró en la búsqueda de la segunda piedra. Según el patriarca Davian Martikov, fue su hijo Urwin quien la robó antes de exiliarse, pero el posadero insiste en su inocencia, alegando que la joya simplemente se desvaneció durante su guardia.
Raphael de la Ghetto, el bardo de lengua afilada y mente aún más sagaz, desgranó un plan original ante sus compañeros. Se disfrazaría mágicamente de Dánika, la posadera, para engatusar a Urwin y arrancarle la verdad sobre la gema desaparecida. El resto del equipo debía mantener a la verdadera Dánika distraída para que su magia funcionara.
Mientras Raphael desgranaba los detalles, Zeros, no perdía el tiempo, la cerveza corría generosamente y su juicio se desvanecía. Encontraba el plan «divertidísimo», pero sus ojos vidriosos delataban su falta de concentración; Justo cuando se preparaban para actuar, la propia Dánika emergió de la cocina. No había tiempo para disfraces. Raphael, siempre rápido, cambió de táctica. Desenvainó su carisma y lanzó un hechizo de persuasión, esperando obtener la información directamente.
Para sorpresa del bardo, Dánika, con un rubor profundo que contrastaba con la palidez general, confirmó lo que sospechaban, pero con detalles vívidos. Confesó que la noche en que la gema fue robada, ella y el posadero habían estado… fornicando apasionadamente toda la noche, y de ahí se produjo el descuido que permitió el robo.
Zeros, completamente ebrio y luchando por no caerse de su silla, había ignorado la mayor parte de la confesión. Solo veía la cara de «desilusión» de Raphael. Confundiendo la situación y creyendo que era hora de ejecutar el plan original para «distraer a Dánika«, el gnomo decidió actuar. Con gestos torpes, intentó lanzar un hechizo de «dormir» sobre la posadera.
Pero la magia no funciona como debería. El hechizo solo afectó a Raphael, quien quedó «fulminado sobre la mesa» instantáneamente, profundamente dormido. Al realizar el gesto final para su hechizo mientras pronunciaba el encantamiento «A mimir…«, el brazo izquierdo de Zeros, su único apoyo, resbaló. Su frente chocó contra la madera con un golpe seco. Quedó completamente fuera de juego.
Dánika quedó petrificada. El surrealismo de la escena la superó por completo. Sin decir palabra, se retiró discretamente de la taberna, dejando tras de sí un rastro de incomodidad y confusión. Solo quedó Orlok, imperturbable ante la locura de sus compañeros, quien cargó a los dos inconscientes hacia sus habitaciones.
A la mañana siguiente, Flynnn decidió subir discretamente a los aposentos de Urwin Martikov. Para facilitar su labor de espionaje y mantener a los hijos del posadero alejados, el grupo desplegó una maniobra de distracción: Raphael compuso la letra y cantó «El cantar del cerdo de tres culos», y el gnomo utilizó una ilusión menor para representar el cántico. Fue un éxito inmediato para Brom y Bray que pedían bises.
Gracias a esto, Flynnn logró hacerse con el diario de Rictavio. Aunque el bardo ambulante entró en la posada poco después, Raphael de la Ghetto no consiguió extraerle información relevante en su conversación. Lamentablemente, tras leer el diario en la seguridad de su habitación, el grupo descubrió que tampoco revelaba datos de importancia para su misión actual.