Barjulián se adelanta al grupo y abre la pesada puerta, revelando un escudo heráldico que destaca sobre un campo de gulas. Sin sospechar el destino de la incursión, Flynnn, Elara y Barjulián se adentran en una estancia presidida por una gran chimenea. En cuanto el último cruza el umbral, las puertas se cierran de golpe a sus espaldas, dejando al grupo atrapado en el interior.
Mientras exploran la nueva habitación, Flynnn inspecciona un armario de madera donde halla un pequeño arsenal: una ballesta pesada, una ligera y una de mano, acompañadas por sesenta virotes. Con agilidad, Flynnn se adjudica la ballesta de mano, mientras que Barjulián opta por la ligera, dejando atrás la más pesada. En un rincón, Orlok descarga su furia contra tres lobos disecados, destrozándolos por completo, mientras el eco de las canciones de Raphael sobre temas de dudosa moralidad llena el ambiente.
Al abandonar la estancia y avanzar por la planta baja, la tensión acumulada entre los aventureros estalla. Elara, cansada de los constantes menosprecios, lanza su escudo contra Zeros en un arrebato de ira. Orlok interviene de inmediato encarándose con ella, resultando en un tenso forcejeo que evidencia la fragilidad de la alianza. El resto de la inspección transcurre entre insultos e improperios cruzados, sin que el grupo logre hallar nada más de relevancia en los rincones del piso inferior.