El grupo se encontraba dividido mientras exploraba los lúgubres rincones de la mansión. Por un lado, Orlok, Raphael de la Gehtto y Flynnn se vieron repentinamente emboscados por una horda de hambrientos Ghast. Al verse superados en número y ante la ferocidad de las criaturas, Flynnn se apresuró a buscar refuerzos, dejando a sus compañeros conteniendo el avance de los no muertos en un combate desesperado.
Ajenos al peligro, el segundo grupo compuesto por Barjulián, Zeros, Elara y el druida, se dedicaba a registrar las habitaciones con una calma casi cómica; de hecho, Zeros saltaba alegremente sobre una cama cuando los gritos de auxilio de Flynnn rompieron la tranquilidad. Alertados, el grupo corrió al encuentro de sus aliados, logrando abatir a los Ghast tras una violenta refriega y permitiendo que la investigación de la mansión continuara.
La exploración los condujo hasta una estancia de gran tamaño, donde una imponente estatua custodiaba un orbe de cristal entre sus manos. Sin medir las consecuencias, Zeros se apresuró a reclamar el objeto, activando una trampa ancestral: de la oscuridad emergieron numerosas Sombra que se abalanzaron sobre el equipo. El combate resultó agotador debido a la resistencia de los espectros, pero la destreza de Flynnn con su ballesta resultó providencial. En un despliegue de puntería asombroso, Flynnn encadenó una serie de disparos letales que terminaron con cuatro de las Sombra, inclinando la balanza a favor de los aventureros.
Tras finalizar la batalla, el equipo quedó exhausto y malherido, aunque afortunadamente sin bajas que lamentar. Zeros, consciente de su imprudencia, se disculpó por haber activado la trampa, aunque justificó su acción mostrando el botín: un orbe de cristal capaz de canalizar el poder mágico, permitiendo ejecutar conjuros sin la necesidad de consumir materiales componentes.