La colina de las tumbas, que ya exhalaba un aire de muerte antigua, se convirtió en un auténtico matadero cuando el suelo terminó de escupir a sus defensores. Lo que empezó como un intento de combate táctico pronto se tornó en una lucha desesperada contra una marea de seis Berserker no muertos y siete druidas que no daban tregua.
Con el número de enemigos amenazando con desbordar las líneas de defensa, la desesperación agudizó el ingenio de los héroes. Bastón Gastón, canalizó su voluntad hacia el cúmulo de raíces; bajo su mando, la vegetación se retorció y se desgajó de la piedra para dar forma a un gigantesco aliado arbóreo. La criatura irrumpió en la batalla con la fuerza de un alud, aplastando las filas enemigas en cada envite.
Inspirado por tal despliegue de poder, Zeros decidió que era el momento de probar un hechizo que siempre se le había resistido. Concentrando su esencia mágica, lanzó un conjuro sobre Orlok que hizo que el orco comenzara a expandirse hasta doblar su tamaño. Con dos colosos dominando el campo de batalla, la balanza se inclinó definitivamente. El estruendo de los golpes de Orlok y los barridos del gigante vegetal terminaron por aniquilar a los 13 atacantes, dejando al equipo victorioso y solo con algunas heridas leves que restañar.
Al apagarse el fragor del combate, un silencio sepulcral volvió a reinar, roto solo por una voz gutural y misteriosa que resonó exclusivamente en la mente de Orlok. La voz, complacida por la ferocidad mostrada, lo felicitó por su «belleza» en la batalla y le susurró la ubicación de un premio enterrado bajo la tierra ensangrentada.
Guiados por la intuición del orco, él y Zeros cavaron en el lugar indicado hasta dar con un arma de aspecto aterrador: una lanza con un aura mágica que parecía latir con una luz rojiza. Al mostrarla al resto del grupo, Barjulián identificó de inmediato su naturaleza: Una Lanza de sangre.
La colina ha sido silenciada, pero el eco de esa voz y el hambre de la nueva lanza sugieren que la oscuridad de Barovia siempre tiene un ojo puesto en quienes demuestran ser lo suficientemente fuertes para sobrevivir.