Secreto bajo las aguas

31 Octubre 2025
Secreto bajo las aguas

Secreto bajo las aguas

31 Octubre 2025


Bajo el cielo plomizo de Barovia, el campamento de los Vistani se alzó como un espejismo de calidez y música. La hospitalidad de los nómadas fue inmediata; sin preguntas ni juicios, invitaron al grupo a compartir su pan y su vino. Mientras Raphael de la Ghetto se sumergía en el ambiente festivo y Flynnn  quedaba hipnotizado por el crepitar de las llamas, Barjulián  se mantuvo en la periferia, observando con una desconfianza que pronto se vería justificada por un lamento apagado que emanaba de las aguas estancadas de la laguna.

La atmósfera cambió cuando una niebla gélida y melancólica reptó sobre el campamento. Los Vistani, con una calma ensayada, trazaron símbolos de protección en la tierra mientras una figura enigmática, Madam Eva, emergía de la penumbra. Su rostro oscilaba de forma antinatural entre la juventud radiante y la decrepitud más extrema. Invitó al grupo a su tienda, un encuentro que Raphael decidió protagonizar con una excentricidad memorable: entró completamente desnudo, escoltado únicamente por su laúd. Allí, la vidente reveló su trato. Una madre del clan lloraba la pérdida de su hijo, Simeón, desaparecido en dirección al lago.

Tras un intento fallido de obtener información de la madre, el grupo urdió una estratagema para avanzar en la investigación. El druida, transformado en un gato, sirvió de cebo para que la afligida mujer saliera de su caravana mientras Raphael lanzaba gritos de distracción. Con la agilidad de una sombra, Flynnn se filtró en el carromato y logró sustraer ropajes del muchacho para usarlos como rastro.

En el embarcadero, la realidad se mostró cruda. En una barca astillada y marcada por arañazos, hallaron el cuerpo de Simeón. El joven había muerto ahogado, sin signos de violencia, pero portaba un colgante de plata de los Seguidores del Amanecer. Al tocar el metal, Raphael quedó paralizado por una voz espectral que susurraba: «Ven, mi luz aún brilla bajo el agua». Ante el bloqueo del bardo, Zeros regresó furioso a la tienda de Madam Eva para interrogarla. La anciana reveló sus cartas: sabía que el lago estaba «enfadado» y que el destino de Simeón era inevitable; su verdadero objetivo era que los aventureros cargaran con la joya maldita para que la ira de la laguna recayera sobre ellos, liberando así a los Vistani.

Mientras la tensión crecía, Orlok, hastiado de la inacción y los misterios, decidió probar la profundidad del asunto lanzando al druida-gato directamente al centro del lago. Fue durante ese nado forzoso cuando el felino vislumbró, entre las algas, un rostro pálido y peludo que lo observaba desde el fondo. Al soltar Raphael el medallón, este no llegó a hundirse; una mano espiritual lo atrapó en el aire. Era Elira, un espíritu confinado en esas aguas desde eras anteriores a la llegada de Strahd. Con la ayuda de Flynnn, el grupo recuperó los restos óseos de la antigua alma de las profundidades. Al darles sepultura en tierra sagrada, el lamento de la laguna cesó y una bendición de paz descendió sobre los aventureros, marcando el fin de una tragedia y el inicio de una enemistad con las fuerzas que Madam Eva pretendía manipular.