Encrucizajada del destino

19 Septiembre 2025
Encrucizajada del destino

Encrucizajada del destino

19 Septiembre 2025


El grupo abandonó la seguridad de los muros de la mansión de Ismark escoltando a Ireena hacia un destino incierto: Vallaki. El aire del camino, siempre impregnado de una neblina que parece tener voluntad propia, no tardó en ofrecerles un presagio inquietante. Al cruzar un antiguo paso, divisaron bajo la arcada de un puente a un jinete negro montado sobre una montura de azabache; la figura, tan inmóvil como una estatua, se desvaneció entre las sombras antes de que cualquier palabra pudiera ser pronunciada.

La paz fue efímera. Al adentrarse en la espesura del bosque, el crujido de las hojas secas anunció el peligro: una manada de lobos hambrientos cerró el cerco sobre los viajeros. En medio del caos de colmillos y acero, Zeros urdió una estratagema; mediante una ilusión sonora, envolvió a Orlok en un aura de poder antiguo. Cuando el orco lanzó su rugido de batalla, la magia de Zeros lo transformó en el atronador bramido de un dragón enfurecido. El terror reverencial dispersó a gran parte de la manada, permitiendo al equipo finiquitar el combate, aunque no sin coste: Flynnn sufrió una dolorosa herida en un tobillo que entorpeció su avance.

El camino los llevó hasta un patíbulo solitario que se alzaba en una encrucijada. Por un segundo aterrador, una visión colectiva asaltó sus mentes: el cuerpo de uno de sus propios compañeros pendía de la soga, balanceándose con el viento, solo para desaparecer un parpadeo después. Las señales indicaban tres direcciones: la Laguna de Cher, Vallaki y la aldea de Barovia. Ismark, conocedor de los rincones del valle, les habló de los Vistani: clanes nómadas de costumbres antiguas y coloridas que solían acampar cerca del agua.

Buscando un respiro de la opresión del bosque y un lugar donde tratar la herida de Flynnn, el grupo decidió desviarse hacia la laguna. Allí, el contraste fue absoluto. Entre el frío y la oscuridad de Barovia, las hogueras de los Vistani ardían con una calidez casi mágica. El sonido de la música, las risas y el aroma a vino especiado llenaban el campamento. Lejos de la hostilidad habitual de estas tierras, los nómadas invitaron a los aventureros a compartir su fuego y su hospitalidad, ofreciéndoles un refugio temporal antes de que el destino los reclame de nuevo.